Lidia Navarro (‘Los lunes al sol’): «Como sociedad, juntos, tenemos algo que hacer. Individualmente, no»
Hemos hablado con Lidia Navarro, que se encuentra de gira por España con la función ‘Los lunes al sol’. Aquí encontrarás todo lo que nos ha contado.

Lidia Navarro (Madrid, 1975) interpreta a Ana en ‘Los lunes al sol’, la adaptación teatral de la exitosa película de Fernando León de Aranoa, que se encuentra de gira por diversos teatros de la geografía nacional, antes de su anticipada vuelta a los Teatros del Canal de Madrid, del 17 al 28 de junio.
En la conversación mantenida con Cultura en Serie, la intérprete nos habla en profundidad de su personaje, Ana, “En la conversación mantenida con Cultura en Serie, la intérprete nos habla en profundidad de su personaje, Ana, “una mujer destruida. Sumida en la precariedad laboral y económica, lo que afecta completamente a su vida personal. No ve en el horizonte esperanza de mejorar. Aun así, lo intenta, pero lo que la envuelve es bastante descorazonador”.
Licenciada en Filología Hispánica y con una amplísima trayectoria en teatro, cine y televisión, la actriz madrileña repasa en esta entrevista no sólo su más reciente trabajo, sino también su paso por la serie ‘Herederos’ (TVE), en la que trabajó con Concha Velasco y Félix Gómez, entre otros, y su labor como docente. Fotos: Cuco Cuervo / Marcos G Punto
Entrevista a Lidia Navarro, Ana en ‘Los lunes al sol’
¿Cómo es este momento actual que estás viviendo ahora mismo en tu carrera?
Siento que estoy en un buen momento profesional y personal. Por supuesto, como siempre nos pasa a las actrices, me gustaría además de estar en lo que estoy, tener un montón de buenos proyectos encima de la mesa, con personajes interesantísimos para una mujer de 50, pero realmente es maravilloso poder hacer lo que me gusta cada día. En esta profesión, tan complicada, es lo que yo entiendo como “triunfar”, así que sí, estoy contenta.
Entrando en ‘Los lunes al sol’, se puede decir que es un trabajo muy bonito, y que os está dando muchísimas satisfacciones.
Muchísimas. Es un proyecto muy redondo en todos los sentidos: desde lo artístico, lo técnico, lo humano, el trabajo de elenco que se ha hecho… se agradece bastante ver a ocho personas conectadas en un escenario, remando en el mismo sentido y para llegar al mismo sitio.
Creo que lo que contamos además es muy importante. Esto tiene que ver también con un planteamiento de producción que ha cuidado cada detalle. La productora es maravillosa, GG Producciones. No había trabajado nunca con ellas y está siendo una gran experiencia.
La película se estrenó en 2002, y podría parecer que lo que cuenta nos queda ya muy lejano, pero en absoluto. La trama tiene una vigencia absoluta.
Sí. Hay algo esencial que más allá de los hechos contextualizados. La desesperanza que produce la falta de trabajo y la precariedad es reconocible en cualquier momento.
Cuando vamos a actuar a zonas donde han vivido el cierre de un astillero, es brutal la energía que se produce en el patio de butacas. Literalmente, somos la gente que está viéndonos, y es una responsabilidad muy grande, porque son personas que han sufrido muchísimo. Esa conexión es muy emocionante.
Los personajes son totalmente reconocibles, y también se habla de la identidad que te da el trabajo. En esta sociedad, productiva y capitalista parece que eres lo que trabajas, o el puesto social que has alcanzado, y al final eso es una trampa.
Si te quedas sin trabajo, dejas de ser persona, deja de tener sentido tu existencia. Y esto a las actrices nos resuena bastante. Creo que es muy actual, lo tomes por donde lo tomes.
Hay un mensaje social: juntos, tenemos algo que hacer. Individualmente, no.
Tu personaje es Ana. ¿Cómo la describirías?
Ana es una mujer destruida. Sumida en la precariedad laboral y económica, lo que afecta completamente a su vida personal. No ve en el horizonte esperanza de mejorar. Aun así, lo intenta, pero lo que la envuelve es bastante descorazonador.
¿Cómo ha sido el trabajo con Javier Hernández Simón, vuestro director?
Para mi gusto es un trabajo impecable. Javier ha trabajado la homogeneidad, lo que comentaba al principio, que no es fácil y no siempre se ve. Javier abordaba el conjunto, y lo individual con mucha sensibilidad y muy en profundidad, yendo a lo esencial de cada conflicto, de lo que le pasa a cada personaje sin perder la visión coral, del elenco.
También tenemos un texto maravilloso, que han versionado Ignacio del Moral y Javier, sobre el original de Fernando León de Aranoa, y desde el principio nos dimos cuenta de que teníamos algo muy especial entre las manos. ¡Qué importante es tener un buen texto!
Muchas veces salimos de teatro y el público nos dice: “Es que es que parecéis de verdad”. Es una maravilla que nos vean como personas que de carne y hueso. También porque hay veces en las que hay como cierto “complejo”, con todas las comillas del mundo, en hacer teatro porque se percibe como algo “falso e irreal”.
En ese elenco que mencionas está Marcial Álvarez, que interpreta a Jose, el marido de Ana. ¿Qué te da Marcial en escena, cuando lo miras a los ojos?
Marcial es una persona maravillosa, y como actor también lo es. Su personaje es un desastre adorable, y yo creo que por eso Ana se queda. Parece que todo está destruido, pero hay algo muy poderoso que les une. Eso es lo que veo en él.
Cuando un compañero te da tantas cosas en escena, una parte muy importante de tu trabajo ya está hecha. Así que ha sido un regalo compartir con Marcial. Es la segunda vez que nos toca ser pareja en escena (risas). Hicimos también un ‘Don Juan’ juntos hace años, con Tamzin Townsend y nos entendemos genial, espero que haya más.
Tenéis la oportunidad, además, de hacer una gira muy larga, y ver cómo reacciona el público en diferentes lugares.
Sí. En esta función la verdad es que estamos teniendo una recepción bastante similar en todas partes. Al final, es algo con lo que la mayoría de las personas se pueden sentir identificadas, de una u otra manera. Y la reacción desde luego, está siendo buenísima.
Tenemos siempre los teatros llenos, o prácticamente llenos, y se escucha perfectamente la respiración del público, su emoción. También es una obra con muchísimos momentos divertidos, como la vida misma. En la manera de reírse es donde se notan más diferencias entre el norte y el sur
¿Es más necesario que nunca el teatro, como ese espacio en el que nos reunimos para escuchar una historia y vivirla entre todos?
Sí, absolutamente. Cada vez estoy más convencida. Soy una activista del teatro (risas), porque creo que es un espejo maravilloso, en todos los sentidos, y es una herramienta muy poderosa: para empatizar con los otros, para resolver conflictos, para transmitir cultura…
En la época de las pantallas, de las cosas inmediatas, de la IA, creo que el teatro sigue siendo absolutamente necesario. Tiene algo muy poderoso, una energía que atrapa a todo tipo de público y que solo se comparte con otros seres humanos, ni el público ni el elenco podrían ser sustituidos por avatares.
En 2007, interpretaste a Verónica Orozco en ‘Herederos’ (TVE). ¿Crees que, en cierto modo, esta serie fue un poco la “madre” de la ficción española que vemos ahora, a nivel de producción y de guion?
Sí, yo creo que sí. Nosotros teníamos la sensación de estar rodando una peli, en vez de una serie, sin menospreciar, por supuesto, a las series. Pero es cierto que ‘Herederos’ tenía un algo especial, como dices, tanto en el planteamiento, como en la interpretación, en el tratamiento del espacio, en el tratamiento de la luz… La fotografía la hizo José Luis Pecharromán, con muchos claroscuros, que ayudaban mucho a contar la historia de esta familia. La gente nos lo decía, incluso por la calle, que tenían la sensación de estar viendo algo diferente.
Creo que tenía mucho que ver con eso, con un tratamiento más de cine y darle una calidad mayor que lo que era una serie entonces a nivel de producción. Me gusta pensar que sí, que es una serie que abrió muchos caminos para la ficción que vemos hoy.
¿Cuál fue el mayor aprendizaje que te llevaste de interpretar a Verónica?
Es difícil decir… aprendí muchísimo en ‘Herederos’. Recuerdo todo con muchísimo cariño. Primero, porque yo no había tenido la oportunidad de estar en una serie de manera continuada.
Verónica era un personaje maravilloso, con muchísimos registros, justo con lo que cualquier actriz quiere jugar. Empieza siendo una niña insoportable, malcriada, y acaba luchando “contra los malos” siendo aliada de su madre que además era la inmensa Concha Velasco.
Su recorrido fue muy sorprendente. De repente sufría una violación, tenía ocho novios, estaba peleada con su madre, luego se hacían amigas, y de pronto la enfermedad…
Primero, obviamente piensas: “Van a matar a mi personaje, me quedo sin trabajo” (risas). Pero luego lo agradecí muchísimo, porque me dio la oportunidad de meterme ese viajazo que me dí con la enfermedad, lo disfruté mucho. Los intérpretes tenemos esa suerte. Podemos vivir muchas vidas, sin la responsabilidad, ni las implicaciones de lo real.
También eres docente, en varios centros del barrio de Montecarmelo y como colaboradora en varias entidades. ¿Qué aprende la Lidia actriz de su alumnado?
Se aprende muchísimo, muchísimo. Siempre me ha interesado la docencia, porque creo firmemente también en el poder y el valor de la educación. Además, tengo estudiantes de todas las edades: niños pequeños, adolescentes, adultos y personas mayores. Cada grupo te da cosas distintas. Elementos básicos para el trabajo en escena como la escucha o la conexión con el momento, se resignifican cuando eres profe.
Enseñando también reflexionas mucho sobre sobre tu trabajo. Por ejemplo, trabajé como coach de los actores infantiles y adolescentes en ‘Chinas’, de Arantxa Echevarría. ¿Cómo le explicas el trabajo de cámara a una niña de ocho años, o cómo se lo explicas a un adolescente? Y no sólo cómo se lo explicas, sino cómo acompañas ese momento en que somos tan frágiles.
Cómo hacer que alguien que no tiene herramientas interpretativas las vaya adquiriendo. Viéndolas en los demás, vas entendiendo también tus propias dificultades o resistencias como intérprete, y eso es un lujazo. La enseñanza me parece muy enriquecedora como actriz, y por supuesto como persona.
A modo de conclusión, ¿tienes algún objetivo como actriz que aún no hayas cumplido?
Trato de vivir con tranquilidad el deseo de lo que quiero hacer, pero claro, sí me gustaría hacer una peli o estar en una serie con un personaje potente. Llevo tiempo sin tocar mucho el audiovisual, así que me encantaría poder volver a tener un proyecto como ‘Herederos’, o como ‘Amar en tiempos revueltos’. Llegará, seguramente.
Se dice mucho que la nuestra es una carrera de fondo, y es totalmente cierto. Es una profesión en la que tenemos ocho mil altibajos, habitamos siempre la incertidumbre y yo intento llevarlo lo mejor posible.