La Promesa: ¿Sigue habiendo algo entre María y Samuel? La Promesa 719 | RTVE Series

Solo intentaba dejar las cosas bien explicadas, que no quedaran dudas ni malentendidos. Perdona si parezco insistente; de verdad, ya he hablado del asunto largo y tendido con doña Pía. Sí, sí, como lo oyes.
Y bueno, tú me preguntas qué es exactamente lo que ella me ha dicho… Pues me aconsejó que sea completamente honesta con el muchacho, que él tiene derecho a saber que espero un hijo suyo, y que quizá, al enterarse, exista la posibilidad —aunque sea pequeña— de que podamos llegar a formar una familia. Según ella, es una opción que no debería descartarse.

Y sí, claro, eso es algo que no se puede negar; en eso tiene toda la razón. Pero la verdad es que yo no tengo demasiadas fuerzas para enfrentarme a todo ese proceso. No digo que no vaya a hacerlo, porque es algo que tarde o temprano tendré que afrontar. Pero esa idea romántica, esa fantasía de crear una familia con él… no la tengo tan clara. No la veo tan sencilla ni tan segura. Porque, al final, según lo que tú mismo me has contado de ese hombre, tampoco parecía estar muy dispuesto a comprometerse o a asumir nada serio.

Y qué quieres que te diga: tampoco me apetece compartir mi vida con una persona a la que no conozco bien, de la que no sé absolutamente nada, salvo que vive un poco al día, sin responsabilidades, como si nada le afectara. Es un viva la Virgen, como suele decirse, y eso no me da precisamente tranquilidad.

La Promesa': La crisis entre María y Samuel - Revista Mia

Mira, María —me dices tú—, Dios puso el amor por delante de todo, eso es cierto. Pero también hay momentos en los que hay que dejar de lado el corazón y pensar con la cabeza, con calma y sensatez. Y créeme, Samuel, créeme de verdad: llevo días dándole vueltas, más de las que puedas imaginar. No paro de repasar una y otra vez todas las opciones posibles en mi mente, buscando una salida que no deje a nadie desamparado.

Y sí, he llegado a una especie de conclusión… aunque no sé si llamarla definitiva. He pensado que, si las cosas se desarrollan como dice doña Pía, y tanto él como yo asumimos la responsabilidad del niño, quizá eso podría ser una solución aceptable para los dos. De ese modo yo no perdería mi trabajo —que sabes bien que necesito— y al mismo tiempo mi hijo tendría un padre, alguien que pudiera figurar en su vida. Parece una salida viable, por lo menos sobre el papel.

Porque, al final, un bebé es responsabilidad de ambos. Incluso el embarazo en sí es asunto de dos personas, no solo de una. Ya lo sé, ya lo sé… pero a mí todo eso me suena un poco a promesas de papel. Me cuesta creer que formar una familia pueda construirse sin amor, solo por obligación o por compromiso. ¿Qué pensaría nuestro Señor de algo así? ¿Qué diría Él sobre un matrimonio sin pasión ni afecto?

Tú me respondes que Él no juzga, que su mirada es más compasiva que la nuestra y que, sobre todo si buscamos el bienestar del niño, su perdón está asegurado. Y quiero creerlo, de verdad. Quiero pensar que esa decisión tendría su comprensión, su misericordia. Pero aun así… hay algo que no me cuadra. Porque Carlos, ni siquiera me saluda cuando me ve; pasa de largo como si yo fuera invisible. Y si ni siquiera muestra un gesto mínimo de cortesía, ¿qué puedo esperar de él como padre? ¿Qué clase de relación puedo pensar que tendría conmigo?

Pero hay algo más, Samuel. Algo que hace que todo este asunto me pese todavía más. ¿Te ocurre algo? —me preguntas—, porque notas que estoy inquieta, que mis palabras se quedan a medias. Y sí, tienes razón: me pasa que no sé muy bien qué consejo darte, María. Por primera vez en mucho tiempo, las palabras se me enredan y no encuentro la recomendación adecuada. Y eso te sorprende, claro, porque siempre dices que tengo una frase acertada o un pensamiento sensato en el momento justo.

Pero no es que no quiera decírtelas… es que, a lo mejor, no puedo. O peor aún —como tú misma sugieres—, tal vez me dé miedo pronunciarlas en voz alta, miedo de lo que implicarían si salieran de mi boca.

La Promesa' anuncia el regreso de un personaje que cambia el destino de  María

¿Qué quieres decir con eso, Samuel?
Y yo, casi sin atreverme a mirarte, dejo escapar la verdad que he estado intentando guardar: que si en algún momento tú llegaras a casarte con otro hombre, si formaras una familia con alguien que no soy yo, entonces lo nuestro… lo nuestro desaparecería para siempre. Sería un capítulo cerrado, un final definitivo sin posibilidad de retorno.

Y créeme cuando te digo que esa idea tampoco me resulta agradable. No me gusta imaginar un futuro donde lo nuestro se borra como si nunca hubiera pasado. Pero al mismo tiempo sé que es inevitable. Porque entre nosotros, María, no puede haber nada. No puede haber un futuro. Lo hemos dicho una y otra vez, aunque el corazón parezca empeñado en olvidarlo.

Lo que vivimos juntos fue hermoso, sí. Fue sincero, intenso, real. Pero también fue imposible desde el principio. Y seguir dándole vueltas, seguir abriendo la misma herida, no nos ayudará en absoluto. Solo hará más profundo el dolor, más difícil soltarlo.

Por eso, quizá lo más sensato sea aceptar lo que hay, lo que la vida nos pone delante, aunque no coincida con lo que deseábamos. Enfrentar la realidad con valentía, aunque duela. Entender que a veces el amor no basta para juntar dos caminos que nunca estuvieron destinados a cruzarse del todo.

Y aun así… aquí estamos, tú y yo, tratando de encontrar sentido a lo que sentimos y a lo que debemos hacer. Quizá nunca tengamos todas las respuestas. Quizá lo único que podemos hacer es actuar con honestidad, con responsabilidad y con la esperanza de que, pase lo que pase, Dios sabrá comprender nuestras decisiones.