LA PROMESA – ¡AL FIN! Beltrán AYUDA a Ángela a HUIR con Curro del palacio y TRAICIONA a Leocadia
Prepárense porque la próxima historia en La Promesa será inolvidable. Lo que parecía un prometido convencional se transformará en el salvador inesperado. Beltrán, quien aparentaba ser parte del conflicto, demostrará que la verdadera nobleza no está en los títulos ni en la riqueza, sino en la conciencia y la valentía. Su decisión de poner fin a la farsa de matrimonio con Ángela será uno de los actos más heroicos de toda la temporada, y lo hará justo tres noches antes de la boda que todos esperaban con ansias.
El palacio está adornado con flores blancas y cintas de seda, cada rincón preparado para la celebración. Ángela, vestida para la ocasión, debería irradiar felicidad, pero sus ojos y su postura revelan lo contrario: su corazón pertenece a Curro. Todos lo saben, menos Beltrán, quien sigue creyendo que esta unión es fruto del amor mutuo. Esa noche cambiará todo.
Incapaz de dormir, Beltrán baja a la biblioteca en busca de un libro y recorre los pasillos silenciosos hasta escuchar voces que vienen del despacho de Leocadia. La puerta está entreabierta y, al acercarse, reconoce inmediatamente la conversación: Leocadia y Lorenzo conspiran. La madre de Ángela planea usar la boda como herramienta de manipulación, asegurando que su hija permanezca bajo control y apartada de Curro. Las amenazas son explícitas: si Ángela no se somete voluntariamente, Leocadia la quebrará, utilizando el miedo y el chantaje como armas. Beltrán escucha horrorizado la crueldad de estas palabras, comprendiendo que lo que él pensaba que sería un matrimonio normal es en realidad una prisión, y que él estaba destinado a ser su carcelero.
Esa noche, Beltrán no puede conciliar el sueño. Su mente repasa cada detalle de lo que escuchó y reflexiona sobre su propio papel en esta farsa. Finalmente, al amanecer, toma una decisión que cambiará su vida para siempre: no será cómplice de la injusticia, no permitirá que Ángela viva obligada a casarse con él. Buscará la manera de liberarla y garantizar que siga su corazón, aunque eso signifique sacrificar su reputación, su posición social y las expectativas de su familia.
Al día siguiente, Beltrán encuentra a Ángela en el jardín. Sus ojos aún rojos por el llanto, ella parece débil, casi derrotada. Con calma y ternura, Beltrán le revela que sabe la verdad: su madre la obligó a casarse y ella ama a Curro. Ángela, aliviada y al mismo tiempo devastada, confiesa todo, explicando cómo aceptó el matrimonio para proteger a su verdadero amor de las intrigas de Leocadia. Beltrán, conmovido por la pureza de su sacrificio, la admira y promete no ser un obstáculo en su felicidad. Su decisión es clara: ayudará a Ángela a escapar y a unirse con Curro, protegiéndolos a ambos.
Beltrán busca a Curro en los establos y le revela todo. Curro, incrédulo, no puede creer la generosidad y valentía del prometido que debía casarse con Ángela. Juntos, con la ayuda de Manuel, forman un plan audaz: durante la ceremonia de boda, Beltrán interrumpirá públicamente, exponiendo la farsa de la unión, y en medio del caos, Curro entrará montado a caballo para llevarse a Ángela hacia la libertad. Cada detalle se prepara meticulosamente: documentos falsos, provisiones, caballos entrenados, y rutas de escape cuidadosamente planificadas. Incluso María Fernández se suma discretamente para ayudar, preparando suministros sin despertar sospechas. Samuel, el joven sacerdote, al enterarse, bendice el plan, asegurando que se trata de un acto de justicia y amor verdadero.
El día de la boda llega y el palacio está lleno de nobles, cada detalle impecable. Ángela, vestida con su hermoso pero sofocante vestido de novia, camina con dificultad hacia el altar. Detrás de su velo, busca la señal de que el plan seguirá adelante. Beltrán, impecable en su traje, respira profundo y se prepara para el acto más audaz de su vida: interrumpir su propia boda por amor y justicia.
Cuando el sacerdote comienza la ceremonia, Beltrán se pone de pie, deteniendo todo con una confesión pública. Expone las amenazas de Leocadia, la manipulación de Ángela, y revela la verdad de sus sentimientos y sacrificios. El salón estalla en murmullos, gritos y asombro. Ángela, finalmente libre de miedo, confirma todo, declarando que su madre la obligó y que ama a Curro. La nobleza presente queda horrorizada ante las revelaciones, y Leocadia se encuentra indefensa, incapaz de negar sus acciones, enfrentando la humillación pública y el rechazo social absoluto.
En ese preciso momento, Curro irrumpe montado a caballo, listo para llevarse a Ángela. Ella corre hacia él sin dudar, dejando atrás el vestido que simbolizaba su prisión y abrazando la libertad. Manuel protege la salida, bloqueando a los guardias y asegurando que la pareja pueda escapar. Con los caballos galopando por el camino de tierra, Ángela y Curro sienten por primera vez la verdadera libertad, alejándose del palacio y de la opresión de Leocadia, quienes finalmente enfrentan las consecuencias de su ambición y control.

Mientras tanto, Beltrán regresa a Sevilla, respetado y admirado por su familia y por todos los que presenciaron su acto de valentía. Su sacrificio le permitió proteger el amor verdadero de Ángela y Curro, y aunque perdió la boda y la posición social que esto conllevaría, ganó algo mucho más valioso: la tranquilidad de haber hecho lo correcto. Con el tiempo, Beltrán encuentra su propio amor en Elena, una mujer que lo trata como ser humano y no como un título o una posesión. Su matrimonio es sencillo, genuino y lleno de respeto y afecto mutuo.
Semanas después, Ángela y Curro viven felices en Lisboa con su hijo, mientras las noticias del escándalo se difunden por toda España. Leocadia queda completamente sola y despojada de toda influencia, viviendo aislada y sin aliados. La justicia poética se cumple: los que actuaron con honor son recompensados, y los que intentaron controlar y destruir, quedan derrotados.
Esta historia demuestra que el verdadero amor, la valentía y la justicia prevalecen sobre la manipulación y la opresión. Beltrán, el prometido noble que renunció a su propia felicidad, se convirtió en el héroe inesperado, mientras que Ángela y Curro encontraron la libertad y la felicidad que merecían. Leocadia, por su parte, enfrenta su derrota total, recordándonos que la tiranía y el egoísmo nunca triunfan frente al coraje y la conciencia.
En definitiva, este capítulo de La Promesa nos deja lecciones sobre honor, amor verdadero y justicia. Nos recuerda que, aunque los lazos familiares y la sociedad puedan imponer barreras, la valentía de actuar correctamente y defender lo que es justo siempre encuentra su recompensa.