‘La Promesa’: Alonso decepciona, otra vez, a Curro (Mejores momentos)

El cara a cara entre Curro y Alonso deja una de las conversaciones más duras y reveladoras de ‘La Promesa‘.

El joven ya no puede seguir callando y pone sobre la mesa una verdad que le pesa desde hace tiempo: “Soy consciente de que en mi posición jamás podré casarme con ella”, en referencia a Ángela, el gran motor de su lucha.

Curro reconoce sin rodeos que su situación tiene un origen claro. “Si he llegado a esta situación es porque soy hijo natural suyo. Y eso no es culpa mía”, afirma, dejando claro que el trato recibido le parece “injusto y además excesivo”. No hay reproche gratuito, sino una reclamación firme de dignidad y de un lugar que siente que siempre se le ha negado.

Alonso intenta justificarse recordando un episodio clave del pasado. “La Corona pidió tu destierro cuando se desató el escándalo”, le explica, asegurando que mantenerlo en palacio como lacayo fue un riesgo que asumió para protegerlo. “No hubo opción”, insiste el marqués, tratando de que Curro entienda que aquella decisión fue, en su momento, la única salida posible.

Pero Curro no se da por vencido. “Hay muchos otros como yo que viven en la nobleza junto a sus familiares”, le responde, señalando que esos hijos no reconocidos ocupan “puestos más honorables, como secretario o ayudante”. Para él, el problema no es el trabajo, sino el estancamiento y la negación constante de cualquier avance.

Cuando Alonso le pide que no le exija ese cambio ahora, Curro estalla. “Lo que no es justo es que a mí se me niegue ese trato”, afirma con rotundidad. Y deja clara su intención: “Vengo a reclamar el lugar que me corresponde en esta familia y no me pienso conformar con menos”. Es una declaración directa, sin margen para malentendidos.

Visiblemente emocionado, Alonso baja la guardia y reconoce su dolor. “Eres mi hijo. Solo Dios sabe cuánto he sufrido al verte con ese uniforme”, confiesa, admitiendo lo duro que ha sido verle servir “como si no pertenecieras a esta familia”. Curro, roto, le pide una sola cosa: “Pues haga algo”.

La respuesta del marqués vuelve a ser un jarro de agua fría. “Durante un tiempo tenemos que dejar las cosas como están”, le dice, prometiendo eso sí que hará todo lo posible para que sea feliz junto a Ángela. Pero también lanza una advertencia clara: “Si no hacemos las cosas bien, solo vamos a despertar aún más la ira del capitán”.

La confirmación final duele más que cualquier reproche. Curro pregunta directamente si entonces seguirá siendo un lacayo, y Alonso no lo niega. “Sigue ocupando con discreción tu lugar en el servicio hasta que todo esto se solucione”, le pide, asegurando que será “por poco tiempo”.

Una vez más, Curro se queda esperando. Las palabras están dichas, las promesas formuladas, pero la decepción vuelve a imponerse.