SOLUCIONES PRÁCTICAS A GRANDES MALES EN LA PROMESA || CRÓNICAS de La Promesa Series

La promesa tiene algo maravilloso

“La promesa” es una serie que engancha desde el primer momento. Sus historias son emocionantes, llenas de misterio y situaciones que mantienen a cualquiera al borde del asiento. Pero, si somos sinceros, a veces los conflictos dentro del Palacio de los Luján se vuelven tan complicados que las soluciones podrían ser mucho más sencillas de lo que muestran en pantalla. Hoy vamos a romper esa barrera: vamos a aplicar un poco de sentido común a las tramas más enredadas, a encontrar soluciones prácticas que, sorprendentemente, los guionistas parecen haber olvidado.

Empezamos con el tema de Curro, hijo del marqués. Al principio, Alonso tuvo que poner a Curro como la “Cayo” para complacer al duque de Carvajal y Fuentes y asegurarse de que hablara bien del rey. Eso tiene cierta lógica en ese contexto, pero ahora, con don Lisandro fuera de la ecuación, la pregunta es inevitable: ¿por qué Curro sigue sirviendo como lacayo en el palacio?

Piénsalo: el palacio está en medio del campo, en el valle de los Pedroches, en Córdoba, aislado de la vida social de la corte en 1916. No hay redes sociales, internet ni teléfonos móviles; prácticamente nadie puede enterarse de lo que pasa allí. La solución más sencilla sería que Curro dejara de ser la “Cayo” y viviera como lo que realmente es: hijo del marqués. Simplemente evitando eventos públicos, nadie tendría por qué sospechar nada. Fin del problema. Pero en la serie, prefieren mantenerlo lustrando bandejas mientras Lorenzo le lanza pullas, prolongando un drama que podría resolverse en segundos.

Siguiendo con Ángela de Suiza, su caso es aún más exagerado. Estudia en Suiza, una chica moderna y libre, y de repente parece retroceder treinta años por la influencia de su madre, quien le hace sentir culpa. ¿La solución simple? Si Ángela y Curro se hubieran escapado y casado, nadie se habría enterado; la reputación de la familia seguiría intacta porque viven aislados en el campo en 1916. Alonso seguramente los habría protegido. Problema resuelto, pero en la serie, deciden alargar el sufrimiento de los personajes para mantener la tensión.

Otro drama clásico es el maltrato de Leocadia a Curro. La postiza humilla a Curro constantemente, lo chantajea, lo amenaza y lo hace sentir culpable, mientras él permanece pasivo. La solución lógica es hablar con su padre. Curro podría explicarle todo lo que Leocadia hace detrás de escena. Con un poco de autoridad paterna, el marqués podría poner orden de inmediato. Incluso su hermano Manuel, que ha compartido con él experiencias en la guerra, podría intervenir y apoyar a Curro. En lugar de eso, seguimos viendo a Curro como un niño de ocho años atrapado en un cuerpo de veinte y tantos, mientras los espectadores seguimos esperando que alguien finalmente haga lo obvio: protegerlo.

Y no podemos olvidarnos del capitán Garrapata, quien sigue viviendo cómodamente en la Promesa a pesar de sus engaños y manipulaciones. Engañó a Alonso con el contrato del 25%, manipuló a Eugenia y creó problemas a prácticamente todos en el palacio. Aun así, sigue allí, durmiendo y comiendo gratis. La solución más simple: Alonso lo expulsa del palacio. Desde que Eugenia murió, Garrapata no tiene ningún rol legítimo allí. Una patada en el culo y listo.

Si resumimos, muchos de los conflictos que vemos en la serie podrían solucionarse con pasos simples: hablar con la persona correcta, aplicar sentido común y actuar de forma directa. Pero los guionistas optan por prolongar el drama, creando tensiones artificiales que mantienen al público pegado a la pantalla. Desde Curro como lacayo innecesario, Ángela atrapada en la culpa, Leocadia humillando sin consecuencias, hasta Garrapata aprovechándose de la situación, la lista de problemas que podrían resolverse con soluciones prácticas es larga.

La magia de “La promesa” está en cómo estas situaciones generan emociones. Pero también es fascinante ver cómo, con un poco de sentido común, podrían desaparecer la mayoría de los conflictos. Por ejemplo, si Curro dejara de servir como lacayo, si Ángela tomara sus propias decisiones sin sentirse culpable, si Leocadia enfrentara consecuencias y Garrapata fuera expulsado, gran parte de los dramas centrales de la serie se resolverían de manera inmediata.

 

Esto no significa que la serie perdería interés; al contrario, abriría espacio para nuevas historias y conflictos más creíbles. Porque, a veces, las soluciones más simples son las más efectivas, pero para mantener la tensión y el enganche, los escritores prefieren complicar lo que podría ser trivial.

En definitiva, “La promesa” tiene una narrativa adictiva y emocionante, pero también muestra cómo el exceso de dramatización puede alejarse de la lógica. Aplicando un poco de sentido común, podríamos ver a Curro viviendo como hijo del marqués, a Ángela disfrutando de su libertad, a Leocadia enfrentando las consecuencias de sus actos y a Garrapata fuera del palacio. Todo esto sería coherente con el contexto histórico de 1916, un entorno aislado donde los secretos se mantienen fácilmente.

El espectáculo sigue siendo atrapante, pero los espectadores no podemos evitar preguntarnos: ¿por qué complicar tanto la vida de los personajes cuando las soluciones están justo frente a ellos? Al final, esta reflexión nos permite disfrutar la serie de otra manera, apreciando la emoción y el misterio, pero también imaginando cómo sería la historia si los personajes aplicaran sentido común.

Así que, si quieres repasar los grandes dramas de “La promesa” y plantear soluciones prácticas que podrían haber resuelto todo, basta con mirar más allá de la pantalla y pensar como lo haría cualquier persona sensata: hablar, actuar y poner límites claros. La serie es un recordatorio de que, aunque el drama es entretenido, a veces lo simple es mucho más efectivo que lo complicado.

En resumen, Curro podría dejar de ser la CayoÁngela podría escaparse y casarse sin problemasLeocadia podría enfrentar las consecuencias de su maltrato, y Garrapata debería ser expulsado. Con estas acciones, muchos de los conflictos centrales desaparecerían, y la serie podría explorar nuevas historias sin perder su esencia.

“La promesa” tiene algo maravilloso: engancha, emociona y mantiene el misterio. Pero también nos enseña, con un poco de humor, cómo la lógica y el sentido común podrían cambiar por completo la vida de sus personajes.