LA PROMESA – URGENTE: Curro RECUPERA sus TÍTULOS, Leocadia va a PRISIÓN y JANA es VENGADA
Prepárense porque lo que están a punto de presenciar en este capítulo de La Promesa cambiará para siempre el destino de Curro y sellará el fatídico final de Leocadia
Después de años de sufrimiento e injusticia, Curro finalmente descubrirá la verdad sobre su legitimidad como heredero, y la caída de Leocadia será tan épica como merecida. Todo comienza una tarde lluviosa, cuando Curro reorganiza el antiguo despacho de Cruz Izquierdo, que nadie había tocado desde su muerte. Mientras mueve cajas llenas de polvo acumulado por años, una se cae derramando documentos antiguos por el suelo. Entre ellos, un sobre sellado con el escudo de los Luján llama poderosamente su atención. El sello está roto, como si alguien lo hubiera manipulado, intentando ocultar un secreto.
Con manos temblorosas, Curro abre el sobre y descubre documentos legales de hace más de 25 años: papeles de adopción formal que reconocen a Marcos, conocido como Curro, como heredero legítimo del varón de Linaja, con todos los derechos nobiliarios correspondientes. La revelación lo deja helado: todo su sufrimiento, su humillación y su desdén por parte de Leocadia habían sido innecesarios.
Junto a los documentos, hay una carta del varón dirigida a Alonso de Luján, explicando que Leocadia robó estos papeles para manipular la herencia. Curro comprende entonces que Leocadia no solo lo humilló llamándolo bastardo, sino que lo hizo sabiendo que era legítimo. Su rabia es volcánica; sus manos tiemblan y sus ojos se llenan de lágrimas mientras siente un fuego de justicia arder en su pecho. Sin perder tiempo, corre a la biblioteca del palacio para mostrar la evidencia a Alonso, Manuel y Catalina.
Al leer los documentos, Alonso y los demás quedan en shock. La verdad es irrefutable: Curro es el heredero legítimo y Leocadia había escondido los papeles deliberadamente para mantenerlo humillado y vulnerable. Manuel y Catalina se emocionan profundamente al comprender la magnitud de la injusticia que sufrió su hermano. Con determinación, Curro promete recuperar todo lo que le fue robado y asegurarse de que Leocadia pague por cada crimen cometido.

Armado con los documentos y con testigos dispuestos a declarar, Curro presenta la evidencia al capitán Rodríguez de la Guardia Civil. Cada testimonio revela un pedazo del terror que Leocadia infligió: desde amenazas y manipulación hasta complicidad en asesinatos y robo de documentos legales. La investigación se reabre, y los testimonios se convierten en un muro impenetrable de evidencia contra Leocadia.
Entre los relatos, Petra confiesa haber visto a Leocadia manipulando una pistola la noche que Hann murió; María Fernández recuerda conversaciones donde Leocadia planeaba eliminar a Hann; Simona describe un vestido manchado de sangre que Leocadia le obligó a destruir; y López testifica que vio a Leocadia cerca de la capilla minutos después del disparo fatal. La Guardia Civil reconoce que tienen un caso sólido y proceden con los arrestos.
Leocadia es detenida en Córdoba, sorprendida y humillada, sin posibilidad de escapar de la justicia que durante años evadió. La noticia del arresto llega a la promesa, y la familia celebra con un alivio contenido pero profundo. Curro sabe que esto es solo el inicio; el juicio será donde finalmente se haga justicia total.
El juicio es intenso y emotivo. Testimonios y documentos demuestran irrefutablemente los crímenes de Leocadia: asesinato de Hann y Dolores, robo de documentos, fraude nobiliario y extorsión. Cuando Curro sube al estrado, la sala queda en silencio absoluto. Con voz firme y cargada de emoción, relata cómo Leocadia lo humilló durante años, cómo le robó su identidad y cómo asesinó a las personas que amaba. Sus palabras son devastadoras: la sala, conmovida, comprende la magnitud de la maldad de Leocadia y la injusticia que sufrió Curro.
El juez finalmente declara culpable a Leocadia en todos los cargos y la sentencia es cadena perpetua sin libertad condicional. Sus bienes son confiscados y restituidos a las víctimas. Curro, Manuel, Catalina y Alonso celebran la justicia cumplida. La caída de Leocadia es completa, y su arrogancia y poder se desvanecen frente a la verdad y la ley.
Dos semanas después, se celebra la ceremonia de restauración del título de Curro. Ante nobles, familiares y un representante del Rey, se valida oficialmente que Curro es el varón de Linaja legítimo. Se le entrega una banda ceremonial y recibe la medalla al mérito civil por su valentía y por haber hecho justicia no solo por sí mismo, sino por todas las víctimas de Leocadia. La sala estalla en aplausos, mientras Curro se mantiene humilde, recordando que la verdadera nobleza reside en las acciones y en la integridad, no solo en un título.
A pesar de la victoria, Curro siente que necesita un cierre personal. Tres meses después del juicio, visita a Leocadia en prisión. La encuentra envejecida, demacrada y derrotada. Frente a ella, le explica que su odio por años la había mantenido cerca de su memoria, y que ahora, al verla impotente, entiende que la justicia prevaleció. Leocadia intenta reaccionar con su arrogancia, pero Curro le deja claro que su poder terminó y que su maldad la destruyó. Sale de la prisión sintiéndose completamente libre y sin rencor, habiendo cerrado definitivamente ese capítulo de su vida.
Seis meses después, la promesa respira un aire renovado. Curro utiliza su título y herencia para fundar la Fundación Hann Expósito, ayudando a mujeres víctimas de violencia y construyendo un monumento en memoria de Hann. También restaura la tumba de su madre Dolores. Su familia crece con amor y valores de justicia, y cada logro honra la memoria de las personas que Leocadia destruyó. Décadas después, Curro muere rodeado de su familia, dejando un legado de justicia, bondad y amor. Leocadia muere en prisión, sola y odiada, mientras la historia de Curro se convierte en leyenda: el bastardo que resultó ser noble legítimo, que venció a un monstruo, llevó justicia y transformó su tragedia en un legado de esperanza.
Curro recuperó su título, vengó a Hann, restauró la dignidad de su familia y construyó un legado de bondad que perdurará por generaciones. La historia culmina en victoria absoluta del bien sobre el mal, y en la restauración de la justicia que todos esperaban.