Avance del episodio 713 de LA PROMESA Martes, 11 de noviembre MANUEL se enfrenta a ENORA y TOÑO
Arrancando nueva semana en La Promesa
La nueva semana en La Promesa comienza con tensiones que parecen teñir cada rincón del palacio. Lorenzo, el capitán siempre firme y decidido, se muestra implacable. No está dispuesto a dejar pasar ni un solo detalle que lo desafíe o lo sorprenda. La reciente escapada de Ángela y Curro, que él sabía que había ido mucho más allá de una simple travesura, lo coloca en una posición de confrontación directa. Sale Ocadia a su encuentro, con la calma y autoridad que siempre la han caracterizado, respondiendo con firmeza a la acusación de Lorenzo. Le asegura que todo lo ocurrido forma parte de un plan más amplio, uno que excede la comprensión inmediata del capitán y que podría traer consecuencias que todavía no se vislumbran en el horizonte. La tensión se percibe en cada gesto, en cada mirada cargada de intención, mientras la historia comienza a desplegar los hilos invisibles de intriga y secretos que atraviesan La Promesa.
Tras su escapada, Ángela y Curro regresan al palacio con la intención de recomponerse, pero la distancia que intentan mantener no logra ocultar la profundidad de la herida que ambos llevan en el pecho. Cada encuentro, cada mirada fugaz, recuerda lo que sucedió y lo que aún no se atreven a admitir. La fragilidad de sus emociones contrasta con la firmeza con la que Lorenzo continúa regodeándose en la expectativa de su futura boda, como si su propia felicidad pudiera imponerse sobre el caos emocional que deja a su alrededor. El aire parece cargado de secretos que buscan salir a la luz, pero los protagonistas saben que cada paso en falso podría revelar demasiado y alterar el delicado equilibrio del palacio.
Mientras tanto, en el hangar, la tensión también se hace palpable. Toño y Enora no han logrado recomponerse tras los recientes conflictos, y sus discusiones se vuelven cada vez más intensas y dolorosas. La joven le reprocha a Toño con dureza que no haya tenido el valor de informar a las cocineras que ya no están juntos, un descuido que ha dejado cicatrices profundas en su relación y que amenaza con contaminar la convivencia diaria. Manuel, observando la situación, decide intervenir y reunir a ambos para recordarles que su comportamiento afecta directamente al trabajo y al entorno laboral. La advertencia es clara: si no cambian su actitud, se verán obligados a tomar medidas más drásticas, una posibilidad que genera un nuevo nivel de tensión en el ambiente.
En paralelo, Leocadia comparte con Cristóbal sus sospechas sobre el motor de Manuel, temiendo que si llega a superar al suyo, podrían enfrentarse a un fracaso irremediable. La estrategia se vuelve urgente; deben idear un plan antes de que la situación se les escape de las manos. La presión sobre los personajes crece a medida que los pequeños detalles del palacio y sus habitantes comienzan a entrelazarse, y cada decisión parece tener el potencial de desencadenar consecuencias inesperadas.
Por otro lado, aunque Lope ha decidido abandonar la lucha por las recetas robadas, Simona, Candela y Vera se niegan a rendirse. Determinadas y astutas, trazan un plan meticuloso para atrapar al impostor o impostora responsable de las sustracciones. Su estrategia combina ingenio y paciencia, con la seguridad de que cada movimiento será decisivo para desenmascarar a quien se esconde tras la máscara de Madame Cocotte. En este juego de secretos y mentiras, cada personaje desempeña un papel crucial, y la creatividad de las cocineras se convierte en una herramienta clave para que la verdad salga a la luz.
En el servicio, las repercusiones de la destitución de Petra aún resuenan con fuerza. Pía se encarga de advertir a Teresa y María Fernández que no propongan a Petra como ama de llaves, pues se niega rotundamente a trabajar de manera directa con Cristóbal. Este rechazo genera sus propios conflictos internos y tensiones entre los miembros del personal, recordando que el palacio es un espacio donde las decisiones personales repercuten en la dinámica de todos.
Mientras tanto, Jacobo mantiene su obsesión por descubrir el origen de las cartas de Catalina. Cada indicio que encuentra apunta a que no provienen del exterior, sino que han sido generadas dentro de La Promesa. Su investigación se convierte en una carrera contra el tiempo, un intento de desenmarañar la red de secretos que se extiende entre los muros del palacio. Curro, consciente de la intensidad con la que Jacobo se involucra, comparte con Martina lo que su prometido está investigando, aunque ella no logra comprender la magnitud de lo que está ocurriendo. Sin embargo, ya es tarde: para reforzar su teoría y dar a Jacobo la oportunidad de verificar la autenticidad de las cartas, Leocadia le entrega todas las misivas, confiando en que él pueda determinar si se trata de documentos genuinos o de falsificaciones elaboradas.

En la biblioteca, Jacobo organiza meticulosamente las cartas, examinando cada detalle con la precisión de un detective. Cada sobre, cada trazo de tinta, cada sello y cada indicio se convierte en una pieza de un rompecabezas que podría revelar secretos que cambien para siempre la percepción de quienes habitan La Promesa. La entrega de las cartas por parte de Leocadia no solo refuerza la confianza en Jacobo, sino que también pone en marcha una serie de acontecimientos que pronto comenzarán a desenredar los enredos más intrincados del palacio.
Mientras tanto, Ángela y Curro continúan navegando la tensión de su relación, intentando mantener las distancias para no generar sospechas ni conflictos adicionales. Cada gesto, cada palabra no dicha, lleva consigo la memoria de lo que sucedió durante su escapada, y la dificultad de actuar con normalidad resalta la fragilidad de sus corazones. El palacio, testigo silencioso de sus emociones, parece observar y registrar cada movimiento, cada secreto que se guarda o se revela con cuidado.
La semana en La Promesa se despliega así, cargada de intrigas, emociones contenidas y estrategias que se cruzan en múltiples frentes. Lorenzo, firme y decidido; Ángela y Curro, atrapados entre el deseo y la prudencia; Toño y Enora, lidiando con la culpa y el reproche; Leocadia y Cristóbal, trazando planes para asegurar el futuro; Simona, Candela y Vera, preparadas para revelar la verdad; Jacobo, inmerso en la investigación de las cartas; y cada uno de los personajes del palacio, moviéndose como piezas de un tablero de ajedrez donde cada decisión podría desencadenar una cadena de consecuencias imprevistas.
Así, lo que veremos mañana martes en La Promesa promete ser un capítulo lleno de tensión, emociones encontradas y secretos que comienzan a revelarse. Cada acción tiene su repercusión, cada palabra es un paso más hacia la verdad que todos buscan, aunque aún no sepan cómo enfrentarla. Suscríbete y no te pierdas nada, porque esta semana, cada escena estará cargada de intriga, drama y la promesa de descubrimientos que cambiarán la vida de quienes habitan La Promesa.